jueves, 23 de octubre de 2014

"Un film potente, retorcido y venenoso" - Críticas de Maps to the Stars (Polvo de Estrellas) en "A sala llena"

Polvo de Estrellas (Maps to the Stars)


Polvo de Estrellas (Maps to the Stars, Canadá/ Estados Unidos/ Alemania/ Francia, 2014)

Dirección: David Cronenberg. Guión: Bruce Wagner. Elenco: Julianne Moore, Robert Pattinson, John Cusack, Mia Wasikowska, Sarah Gadon, Olivia Williams, Evan Bird. Producción: Martin Katz, Michel Merkt y Saïd Ben Saïd. Distribuidora: Alfa Films. Duración: 111 minutos.

Ésta web subió tres críticas diferentes sobre la película y se las dejamos después del corte
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Polvo de Estrellas, según Emiliano Fernández

Catalogar a Polvo de Estrellas (Maps to the Stars, 2014) como una comedia negra no es sólo quedarse corto sino también obviar la posibilidad de que quizás a David Cronenberg no le resulte precisamente “gracioso” lo que sucede en pantalla. Si bien el paroxismo y la hipérbole son ingredientes esenciales de la estructura paradigmática de la farsa, no podemos olvidar que asimismo forman parte del armazón del terror, el eje que sin dudas unifica la carrera del hoy por hoy mítico realizador. No importa qué géneros consideremos que el canadiense está trabajando en tal o cual film, si existe una directriz que otorga verdadero sentido al desfile de atrocidades siempre pasa por el horror y sus ramificaciones.

El último opus del señor echa mano de una virulencia satírica prodigiosa para diseccionar con un escalpelo la neurosis del Hollywood de nuestros días y la industria del espectáculo en general, proponiendo un análisis intimista de las correlaciones, abusos y juegos de poder dentro de un “show business” leído como un organismo similar a la familia aunque dominado por un esquema reproductivo endogámico. Retomando su obsesión para con las pústulas que la sociedad contemporánea origina en los cuerpos y las psiquis de los individuos, en esta ocasión la necesidad de control del capitalismo más invasivo utiliza al incesto como ardid de corrección con vistas a afianzar egos inflados y la ceguera de turno.

Como si se tratase de la “versión Cronenberg” de aquel Woody Allen sacado de mediados de la década del 90 o una reinterpretación hardcore del primer Paul Mazursky, aquí el director lleva al extremo el narcisismo, las frustraciones, los detalles sádicos, el influjo narcótico y la estupidez de la fauna de Los Ángeles. Francamente no conviene adelantar demasiado de la trama en sí porque el guión de Bruce Wagner va revelando con paciencia los vínculos concretos entre los personajes, sólo diremos que el susodicho se centra en Havana Segrand (Julianne Moore), una actriz entrada en años, y el clan Weiss, una estirpe que incluye un gurú de la autoayuda, una estrella infantil y una pirómana en recuperación.

Nuevamente el surrealismo, la efusividad verbal y una ética en plan suicida actúan como dardos ponzoñosos contra el culto a la belleza y la juventud en tanto utopías prefabricadas por la “meca de los sueños”, ajenas a toda praxis cotidiana. Los protagonistas ejercitan su canibalismo destruyendo a un entorno inmediato que legitima su accionar y hasta los acompaña en la tarea desde la más pura hipocresía, poniendo de relieve el sustrato social de su comportamiento y los códigos de conducta del ecosistema involucrado. En función de lo que podríamos definir como una suerte de pesadilla foucaultiana del saber biopolítico, la construcción de los discursos colectivos actuales parece enmarcada en un círculo vicioso.

A pesar de que la película no llega al nivel de El Camino de los Sueños (Mulholland Dr., 2001), aquella exégesis mordaz de David Lynch sobre El Ocaso de una Vida (Sunset Blvd., 1950) y Fedora (1978), las dos obras maestras de Billy Wilder acerca del tópico en cuestión, Cronenberg logra edificar un retrato complejo e hipnótico de los callejones sin salida de la afectación rimbombante, la prédica publicitaria y los delirios que trae aparejada la fama. El cineasta extrapola a Hollywood las indagaciones sobre el mercado financiero de Cosmopolis (2012) y señala las grietas de la comunidad artística, la cual gusta de jactarse de su hermetismo, sus “sacrificios” y el derecho de admisión que impone a sus miembros…


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Polvo de Estrellas, según José Luis De Lorenzo

Narcisismo a flor de piel.

Con el juego de palabras que da pie al título del film, Agatha Weiss (Mia Wasikowska) aparece en escena recorriendo la ciudad de Los Angeles junto al actor y guionista devenido en chofer de limousine Jerome Fontana (Robert Pattinson), buscando la propiedad de una celebridad con la ayuda de un “star map”. La extraña Agatha irrumpe en un mundo -Hollywood- que el guionista Bruce Wagner conoce bien e intenta retratar, en la primera comedia (visceral) de David Cronenberg y su primer trabajo en los Estados Unidos.

Un proyecto similar fue, con un humor muy negro, el regreso a Hollywood del fallecido Robert Altman, Las Reglas del Juego. La representación consciente en pantalla de personas físicas reconocidas del ambiente a través de una mirada nociva sobre el medio y de aquellos que están dentro o fuera de éste, es valedera en ambos films. Desde una perspectiva similar, caótica y desbordada, Polvo… viene a representar facetas de actores que hacen de otros actores, que han tenido altercados similares en sus carreras si se los compara con los mismos actores a quienes interpretan. Las Reglas del Juego denunciaba mientras que Polvo… apela a la comicidad.

La película está repleta de referencias a la vida de celebridades que pululan en el ámbito cinematográfico actual y de ello se ríe en gran parte el personaje de Julianne Moore, una actriz neurótica, dada de baja por el star system, que quiere volver al medio como sea.

Las menciones indirectas a la cientología son evidentes y se desarrollan desde el personaje de John Cusack, quien a su vez forma parte de una familia disfuncional. Su esposa es interpretada por Olivia Williams, una madre que es la manager de la carrera actoral de su hijo adolescente, adicto en recuperación. En éste recaen gran parte de los diálogos que hicieron sonreír a la platea en cada aparición, no así a este redactor. El film contiene elementos que nos podrían remitir a Les Enfants Terribles, ya que habla de las relaciones de padres cuyas obsesiones y desordenes alteran las vidas de sus hijos.

En función del narcisismo presente en cada uno de los personajes que deambulan por Polvo…, Cronenberg se cansó de pedir, en la conferencia de prensa posterior a la proyección en el Festival de New York, que no comparen esta obra con sus trabajos anteriores. Señaló que jamás pensó imponer guiños en su cine ni menciones a sus films previos, aunque como espectadores observamos que tanto el uso de la carne como la relación entre los automóviles y el sexo (desarrollados en Crash y Cosmópolis, donde también se tiene sexo dentro de una limousine) son algunos de sus elementos preferidos.

Polvo de Estrellas se convierte en el tercer film fallido de Cronenberg, al igual que sus dos anteriores. No obstante, según sus propias palabras y en tono burlón, afirmó que si a alguien no le gustara el film, el hombre a quien debería echarle la culpa es a Wagner, su endemoniado socio.


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Polvo de Estrellas, según Matías Orta

Repulsivo. Audaz. Fascinante.

 El director David Cronenberg nunca deja de generar expectativa. Desde sus primeros cortos y mediometrajes, como Stereo y Crime to the Future, dio muestras de un talento y de obsesiones que lo volverían un artista único. Un cineasta que supo mutar tanto como sus personajes y el mundo que los rodea: del cine experimental pasó al exploitation, de ahí a proyectos hollywoodenses (que nunca dejaba de filmar en su Canadá natal), de ahí a un cine más “artístico y serio”… pero siempre conservando su esencia.

En Polvo de Estrellas (título argentino de Maps to the Stars) traslada sus obsesiones a la denominada Meca del Cine, centrándose en un grupo de individuos con diferentes tormentos personales: una actriz en decadencia (Julianne Moore), acosada por fantasmas internos; una familia compuesta por un gurú de los medios (John Cusack) y una madre (Olivia Williams), pendiente del hijo de ambos (Evan Bird), una estrella de cine juvenil que ya está lidiando con los excesos; una joven de rostro quemado (Mia Wasikowska), que se involucrará en la vida de estas figuras del jet set, y un chofer de limusina y aspirante a actor (Robert Pattinson) que sabe satisfacer a sus clientas.

Estamos ante una sátira del costado más tenebroso de Hollywood, y una suerte de continuación de Cosmópolis, la película anterior del Cronenberg, ya que en determinado momento, la crítica social deviene en un thriller violento, donde los protagonistas cruzan todos los límites. Claro que el realizador nunca abandona sus temas recurrentes: la carne en descomposición, o al menos mutando (Havana, el personaje de Moore, que no puede evitar que ya no es muy joven en un microcosmos que rinde tributo a la juventud), lo que también provoca un cambio en la percepción; el sexo como canalizador de emociones, incluyendo tríos y un guiño a Crash: Extraños Placeres… Un interesante combo marca de la casa.

John Cusack, Julianne Moore y Mia Wasikowska encajan perfecto en la obra cronenbergiana, y brindan actuaciones tan atrevidas como el guión de Bruce Wagner, otrora colaborador de Wes Craven. De hecho, Moore ganó el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes. Robert Pattinson tiene menos protagonismo que en Cosmópolis, pero incide en la trama. Por su parte, Sarah Gadon repiten con el director, y Evan Bird es toda una revelación.

Una serie de detalles en el tercer acto confunden al espectador, y hasta lo dejan con ganas de más, pero Polvo de Estrellas sigue siendo un film potente, retorcido y venenoso. La mejor prueba de que hasta el trabajo menos genial de David Cronenberg es para tener en cuenta.

Via

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